El poder del tiempo

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La imagen del superhombre es parte de nuestros arquetipos cotidianos, de las fantasías mentales que circulan en la mente colectiva. Pero esas fantasías no terminan de ser aceptadas o desechadas como verdades posibles o ya existentes. Se oye hablar de los poderes del superhombre. ¿Cuáles poderes? ¿Quién ha logrado explicar fehacientemente qué poderes alcanza el ser humano que accede a las cincuenta y cinco dimensiones de la realidad?


He recibido una noticia que publicaré inmediatamente en entregas, revelada por un solitario y genuino guerrero actual, quien se atrevió a explorar la conciencia de los poderosos magos de la antiguedad, de los iniciados, y de los más generosos corazones de la humanidad, destacados por su altruismo.
No tengo derecho de revelar su nombre, sino sólo que, sin conocer las leyes de las cincuenta y cinco dimensiones, tuvo la paciencia y el coraje de mirar las almas de quienes las alcanzaron.
Podemos creer que lo que escribe es cierto, porque presenta "evidencias que lo confirman".

Dice así:
"Una vez, estando junto a un árbol, cayó una fruta de sus ramas. 'Newton', pensé.
E inmediatamente tuve la idea de que la manzana de Newton bien pudo haber sido la que Guillermo Tell recogió, colocó sobre la cabeza de su hijo, y atravesó con una flecha. Pero ¿cómo podría haber encontrado Guillermo la manzana de Isaac si estaban separados por el tiempo y la historia?
Un torrente de ideas me respondió con más enigmas: Si un hombre como Stephen Hawking, postrado en una silla, puede pasear su mente por el cosmos, ¿qué impide que cualquier humano pueda despertar su alma para entrar en el lugar donde Dios reside?

Me senté entonces mirando un punto en el cielo, con la mente vacía, para enfocar la conciencia en esta pregunta. Y en diez minutos viví la experiencia.
Observando los movimientos de las nubes, los vientos y las luces en ese punto del espacio por donde penetraba la mirada, concebí la idea de que hay fisuras entre momentos del tiempo. Verdaderos instantes de discontinuidad en el transcurrir cronológico.

¿Por qué no?, si ya conocemos la corriente alterna: aún cuando no percibimos la discontinuidad eléctrica tenemos la ilusión de que es constante porque nuestra bombita eléctrica nos ilumina en forma continua.

De la misma manera, hay brechas fugaces en la dimensión del tiempo, de la misma duración que emplea un péndulo de reloj en pasar de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
El cambio de dirección del péndulo, tal como el instante en que la inhalación se convierte en exhalación, son lo más cercano a lo que ocurre en el transcurso del devenir.

Las cadenas que atan a los humanos al tiempo se disuelven por momentos, producen un espacio temporal libre, donde las cincuenta y cinco dimensiones del universo se alinean con las puertas abiertas.

Si la mente de Einstein y la de Hawking pueden entrar en ese pasaje para ir a tomar conocimientos todavía inexistentes en la tierra, el alma de los humanos, por su velocidad superior a la de la mente, puede encontrar fácilmente esos caminos para acercarse a Dios.
Es capaz de presentarse completamente desnuda, recuperar el sentido de la propia existencia, reconocer con alegría que está viva, y regresar sin que la mente lo haya notado. Podemos otorgarle al alma menos de diez milésimos de segundo para que encuentre la dicha que siempre soñó, y la paz que se merece.

Escribo lo que vi en una visión fugaz y valiente, remontada en el tiempo, mientras esperaba con la mirada en el cielo, el instante en que se abriera un pasaje por donde se vieran los mundos de otras dimensiones. Después pasearía como Hawking por el universo.

Cuando comprendí que era posible lo que pedía, estuve seguro de lo que buscaba y percibí el instante, mi conciencia se proyectó como un rayo en medio de las nubes y penetró el infinito. Dudé un instante si debía seguir la experiencia, confundido por la posibilidad de que me tragara un agujero negro. Sin embargo me motivaba más la expectativa de encontrar a Dios, la paz y la dicha, que el miedo a ser devorado por la nada. Continué sin dudar del método, pero sí de ser capaz de percibir con mi mente la realidad de ese momento, porque la mente viaja a la velocidad de un caballo al galope, y el alma como un rayo de luz.

Aún así pude soltar las riendas de la mente analítica, y me proyecté a vivir la experiencia.
Las ciudades se diluyeron en mis manos, los poderes se agolparon en mis ojos, observé los mecanismos del tiempo en el universo, y encontré las dos fallas del reloj del cosmos, de las que podemos aprovecharnos los humanos.

Como primera revelación, vi cuatro espacios diarios de discontinuidad del tiempo que se dan en horarios fijos.
Así como amanece a diferente hora en cada latitud, los horarios en que se abre este pasaje entre dimensiones sigue la misma realidad solar. Cuando dan las 0,08 hs, las 4,5 hs, las 7,20 hs y las 16,30 en los relojes locales según el meridiano de Greenwich, ese pasaje está disponible para las almas que se atreven a aprovechar el suspenso sincrónico de las dimensiones y proyectan sus conciencias a través del infinito. Como siempre hay lugares del mundo donde se dan esas horas al mismo tiempo, el planeta es frotado por esas cuatro puertas abiertas todo el tiempo.

Si el brazo y la mano derechos de las personas se introducen en el pasaje justo en esos instantes, pueden tocar a Dios con la mano y demostrar que existen los milagros.
Sin embargo, el momento es tan veloz que apenas la conciencia llega, ya está de vuelta, y siempre ignoraremos que hemos estado cara a cara con Dios sin haber alcanzado a cubrirnos con las hojas de la parra para que no vea nuestra verguenza.

La segunda falla del reloj del universo que percibí es que cualquier mente puede detener su mecanismo.
Para ello debe aplicar su conciencia a un "cálculo matemático": debe contar cuántas moléculas de agua tiene su cuerpo, y después derivar toda la electricidad que sube por la columna vertebral a dichas moléculas, en forma equitativa.

¿Por qué?
Porque el tiempo mismo, en el ser humano, es la electricidad siempre ascendente de sus vértebras. La forma disponible para detenerlo es fundirlo en las células de su cuerpo, y para ser más preciso, en sus moléculas de agua. La persona que logre tal posibilidad por diez minutos, aunque sólo sea una vez por mes, mantendrá su mente joven, aún cuando su físico no escape al paso de los años. Es interesante reconocer que mucha gente lo logra sin saberlo concientemente... cuando reza, o cuando medita, o cuando el amor sin límites ni condiciones se apodera de su corazón llenando sus ojos de ternura. Estas personas escapan al tiempo sin necesidad de que el maquillaje o Cronos lo autoricen.

Quienes piden un milagro a Dios ignoran que cuatro veces al día pueden encontrar el camino para hablar personalmente con él, y probablemente tampoco sepan cuál es el pedido que difícilmente les podrá negar.


Susana M. Franz

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