Crisis y responsabilidad personal

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EL AMOR es, posiblemente, el mayor poder que tiene el universo como fuerza que lo empuja y obliga a crecer y evolucionar.

Cada siete minutos el universo es recorrido por una onda de amor.

Este río viene de Dios. Entra en los humanos por la raíz de su chakra cardíaco, en la columna vertebral a la altura del corazón, sale por el centro cardíaco hacia delante, y se prodiga en las acciones.

Al usarla, la fuerza crece, se acumula en el corazón, y vuelve a Dios. De esta manera, el hombre se semeja al plano divino que se derrama en el universo. Y esta semejanza lo eleva hacia él.

La continuidad entre Dios y el hombre, mundo y universo, inmuniza al humano de miles de parásitos mentales, energéticos, espirituales, sicológicos, relacionales, que no existirían si todos los seres comprendieran y vivieran esta conexión.


¿Por qué?

Porque los parásitos mencionados se generan en la idea humana de discontinuidad entre cosmos, universo, Dios - tierra, materia, hombre. Ésta también es la fuente de la maldad, de la ira, y de las guerras.

Por el contrario, comprender la continuidad entre cosmos y materia, Dios y todos los seres vivientes, universo infinito y partícula, es la fuente de la felicidad, aunque el entorno esté desequilibrado. Es origen de la solidaridad aunque uno no tenga las propias necesidades totalmente satisfechas. Del progreso que ordena el caos.

LA CRISIS actual comienza en la escisión entre las acciones humanas como herramienta de expresión de un solo proyecto universal: LA FELICIDAD DEL UNIVERSO en un movimiento continuo hacia un progreso sin límites, y los intereses de los proyectos personales que reniegan o ignoran las propias leyes de inclusión al cosmos.

Para reorientarse hacia superar la crisis, los Registros Akáshicos aconsejan comenzar por unir mente, corazón, espíritu, y acciones. El poder está en sus manos, la reconstrucción del concepto de realidad en sus ojos, la fuerza y sabiduría en su CEREBRO ESPIRITUAL.

Sólo necesita entrar en acción.

Susana M. Franz

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